Muy Lejos, Muy Cerca

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A días de volver de Chile y desde una terraza en Barcelona, escribiré algo mucho más personal, que no alcanza para profeta, pero quizás pueda inspirar. Los nombres no son ficticios, no tengo los derechos, pero seguro que mis amigos mencionados me perdonarán.

La terraza no tiene nombre y tampoco sale en la guía turística. No tiene cinco estrellas, pero de seguro alguna noche veré muchas más. Si bien intento neutralizar el lugar, no puedo negar que la terraza y Barcelona es un lujo, pero quiere ser por un tiempo mi hogar, como cualquier otro, ajeno al turismo.

He ocupado este espacio para compartir locuras  y aventuras en lugares increíbles.  Aún no he descubierto la Atlántida, pero ya muchos de mis amigos simplemente me dicen “y donde estas ahora”.  Sin mayor aviso parto a algún destino y mi  estado civil parece ser un permanente “en tránsito”.

Se que soy afortunado, y la razón de escribir, de tomar fotos, de ir traspasando  la mayor cantidad de detalles con quien quiera escucharme o sentirme, es justamente para compartir y devolver mi fortuna.  Es lo que voy dejando.

El otro día mi amigo Richard leyó que mientras más viajas, nunca vuelves a estar 100% en casa. Siempre dejas un pedazo en un lugar nuevo. En parte es cierto y me inspiró a escribir.  Yo creo que en cada viaje, incluso cuando duermes (que también es un viaje), te vas transformando y tu alma explora diferentes texturas posibles. Que no se trata de lugares, de estar en nuestro baño de todos los días o en la gran muralla china. Se trata de los vínculos, de cómo nos relacionamos y alejamos de las cosas, para aprender a dimensionar el valor de lo que tuvimos, de lo que tenemos y de lo que puede venir.  De estar muy lejos y muy cerca.

Se que no hay metáfora posible que haga contrapeso con la posibilidad de conocer literalmente los diferentes rincones del mundo. Pero podemos volar todos los días. Y si aún no sabemos como, podemos al menos ir entrenando y sacudiendo el polvo de las alas. Yo feliz seré el tripulante de cabina de cada vuelo que hagan y cualquier cosa que suceda, la familia y los amigos siempre estarán afuera de la salida de emergencia.

Se trata de avanzar y detenernos. La distancia es un regalo con misterio. No hay razón para no comenzar un viaje personal y explorar hasta donde podemos llegar. Viajar con uno mismo. Cada uno a su ritmo. Muy cerca de lo que sentimos, de nuestras ideas y de las cosas que nos hacen vibrar. Muy lejos de estar quieto , de aferrarnos a las cosas y de tener más que ser. Cerca de nosotros mismos, lejos de lo que otros quieren que seamos. Cerca para la intimidad y lejos para ser capaz de intimar con profundidad. Cerca de la tristeza, para también conocerla y saber como despedirnos de ella. Cerca de un mínimo riesgo y lejos del máximo miedo.  Muy cerca y muy lejos para intentarlo. Cerca de los errores y lejos de la perfección. Muy cerca y muy lejos para entender que el tiempo entre el inicio y el final de cada hora, es quizás mucho más potente que acostumbrarse a esperar eternamente algo grandioso. Muy lejos y muy cerca, es un viaje que no necesita millas recorridas, si no momentos que nos quiten el aliento. Estar cerca de los sueños para que lleguen lejos.

Como dice un poeta llamado Beñat, es preferible ir caminando mirando el cielo y pisar mierda. Muy lejos, pero con los pies en la tierra.

Un viaje a cualquier universo empieza con un primer paso. Por más que alguien recorra todo el mundo, hay viajes que no se marcan en el pasaporte. Ayer en el desayuno, luego de hablar con Georgy, me quede pensando que probablemente el amor y la magia sean un juego de distancias. Lejos, me he sentido más cerca de muchas cosas que en la rutina las asumimos como un derecho.

Igual que un turista asombrado y emocionado por la catedral de turno, maravillas del mundo fue ver de cerca como Clemente y Mariano vienen en camino al mundo, como mi amigo Pedro esta motivado con sus nuevos planes de casa , como Cristóbal despúes de mucho tiempo construye una nueva relación súper linda, como mi abuelo es feliz comiendo un ají entero con sal, como mi madre tiene ganas de adoptar un nuevo perrito después de larga travesía con la muerte de “Bonito” , como Vicente se despide y lucha hasta el final contra el cáncer, como Clau conoce a su príncipe celeste en Florencia, como Luciano se vuelve loco con unas  pelotas de colores, como Mariano vuelve a ser Dj, como a la Caro le quedan pocos meses para casarse, como José conquista la montaña, como vuelven viejos amigos, como vuelvo a escribir y  Mon ya tiene sus planes de primavera.  Que siempre lleguen muy lejos y muy cerca.

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