columna cosas | 1,2,3 rutina de belleza

Así como en las instrucciones del shampoo, el “lave, enjuague y repita” aplica en muchas cosas durante nuestra vida. Después de una piel adolescente ligeramente privilegiada — nunca fui de muchas espinillas, manchas o algo por el estilo – empezó la era del “¡Que linda piel tienes…! Ah, pero tienes 24; espera a que tengas más de 30”.

Nunca supe si se trata de un comentario con buenas o malas intenciones, pero logró motivarme – o asustarme – lo suficiente para darle el vamos a una tarea que postergué durante años… cuidar mi cara.

Partí por lo simple: hidratar mi cara a diario, y digo “a diario” porque antes lo hacía solo cuando me acordaba.

Y aquí voy a hacer un paréntesis medio extraño, que tiene que ver con la relación precio-calidad de los productos de belleza: cuando eres más joven, cualquier producto sirve; en general el presupuesto es tan apretado que aspirar a comprarte la sombra MAC de moda hacía que ese mes fuera el más feliz… pero el resto del año, te las arreglas con los productos de farmacia, y si tienes suerte, las muestras de productos que te regaló tu mamá.

Al menos yo nunca aspiré a más; incluso, me escuché decir “jamás gastaré esa cantidad de plata en cremas como mi vieja”, pero no escupas al cielo. Si bien los productos de farmacias no son del todo malos, una vez que pruebas una marca “pro”, ya no hay vuelta atrás.

En fin. Luego de este desvío, vuelvo a la hidratación (ojo, que no implica un orden de los productos sino sólo la narrativa en mi cabeza): una de las primeras cremas para cara que usé fue una Nivea Aqua Sensation (o similar). Si bien mantenía mi cara hidratada todo el día, también le dió un efecto siliconado; si eres como yo y la cara te suda mucho, es un desastre.

Justamente por esto comenzó la búsqueda de mi rutina personal de belleza. En mi caso, tengo una piel relativamente lisa, ni seca ni grasa y muy sensible; no me salen muchos granos pero suda un montón y me brilla.

Hoy, mi rutina es más o menos así:



En la ducha:
limpio mi cara con la crema de limpieza profunda de Burt’s bees y la exfolio cada dos o tres días. Aquí hay varías opciones: de vez en cuando me hago un exfoliante casero con azúcar y miel, pero solo lo uso de noche. También sé de gente que lo hace con sal y aceite de oliva, pero traté y resultó muy tosco para mi piel. Existen muy buenos productos para una exfoliación más suave, porque no querrás salir de la casa con la cara roja; recomiendo el Dior Instant Gentle Exfoliant. ¿Lo bueno de hacer esto a primera hora en la mañana? No sólo tu cara queda exquisita, sino que también te despierta un poco más.



Con la cara limpia:
aplico un tónico. Hay varios que me gustan y para todo tipo de bolsillos: puedes ocupar agua de rosas, que se compra en la farmacia (también hay de otras marcas como Kiehl’s) y te servirá muchísimo si tienes la piel grasa; también puedes probar el tónico de Burt’s Bees en base a limón y la loción clarificante de los 3 pasos de Clinique.


Hidratación:
durante un tiempo usé la crema de día de Burt’s Bees (sé que los he nombrado muchísimo, pero sus productos son muy amables con pieles sensibles), pero luego me regalaron una HydraLife de Dior y mi vida cambió: me deja la piel increíblemente suave e hidratada, pero sin ningún tipo de terminación grasosa o siliconada. ¡Listo!


¿Mucha noche?: Cuando me dormí tarde la noche anterior y amanezco con los ojos algo hinchados, el truco de la cucharita en el refrigerador siempre sirve… pero lejos mi mejor descubrimiento fue el gel de contorno de ojos de Clarins, que deshincha y refresca los ojos; para que sea aún más refrescante, guárdalo con la cucharita. ¿Lo mejor? Puedes usarlo sobre el maquillaje.
¡Ah! Hablando de maquillaje, no olvides sacártelo en la noche como parte de tu rutina.

Para terminar hay un par de cosas que no sé si considerarlas rutina o no, aunque me gustaría incorporarlas como tal. Primero, ir una vez al mes a hacerme una limpieza facial; recuerden eso si ir cuando no tengan algo “importante”, porque si eres como yo, saldrás con la cara limpia… pero llena de marcas. Finalmente, el increíble rejuvenecimiento facial; hace un tiempo atrás probé este servicio en Spa Mint  y literalmente no pude dejar de tocarme la cara por días, porque realmente no se sentía como si fuera la mía — de una buena manera -, e incluso varias personas me comentaron sobre lo bien que se veía mi piel.



Me queda probar la BB cream de Dior para esos días donde esta cantidad de pasos no cuadra con los minutos disponibles en el reloj ¿Y ustedes, se animan a contarme sus rutinas de belleza?